Misael Lezama, centrocampista

misa

En los equipos de futbol todos contribuyen y todos son parte de un engranaje que forma a una máquina. Podrá estar el jugador mediático pero él sería nada si el portero fuera una coladera, si los defensas no bloquearan los ataques y pasaran el balón hacia adelante o si los mediocampistas no hicieran contragolpes y defendieran al mismo tiempo. Me gusta pensar a Evoka así, como un equipo de futbol.

Misa es mi aliado más longevo. Llegó hace dos años al restaurante en una etapa donde todo era un caos, gente se iba y llegaba con demasiada rapidez. Misa poco a poco fue ganándose su lugar a base de trabajo y compromiso. Como bien dicen, “la cocina no es para débiles” y él ha demostrado ser uno de los elementos más fuertes. Sí que la hemos pasado mal: días donde él y yo hemos bateado platos solos porque los demás faltaron o simplemente abandonaron el trabajo, días que vinimos a chambear enfermos y nos aventamos jornadas maratónicas, también días donde hubo poco trabajo y casi nos arrancábamos los ojos de aburrimiento. Hay muy poca gente que aguanta estas friegas y muestra esta calidad de compromiso, de amor por su trabajo, de apuesta por un proyecto.

Hace poco me preguntaban en una entrevista para Food and Travel qué era lo que más me motivaba y mi respuesta fue concisa: toda la banda que trabaja con nosotros, que viene desde lejos (como es el caso de Misa) a poner lo mejor de sí. Actualmente Misa es el encargado de la cocina, desde checar la producción hasta que nuestra cocina sea más sustentable utilizando cada parte de los ingredientes, se encarga también de capacitar a los nuevos cocineros y practicantes, de estandarizar menús y también de proponer recetas para que juntos las perfeccionemos.

Misa es un gran chef y el volante central más capaz en la cocina de Evoka.

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